Invitados a la Boda Preparados con el Traje de la Verdad

Cuantas veces podemos encontrarnos con personas que no creen en la existencia del mal. Algunos literalmente niegan con palabras y otros con obras la posibilidad de morir en pecado mortal y perder la vida eterna en el cielo, sin poder contemplar a Dios cara a cara.

Pero, ¿porque algunas personas ya no creen en la posibilidad de perder la vida eterna? Bueno, pues principalmente porque la influencia de la cultura relativista en que vivimos nos invita a negar o ignorar las verdades trascendentes y eternas, creando conciencias individualistas que llevan a la persona a crear su propia verdad personalizada y adecuada a los intereses de cada individuo. Por lo tanto, de acuerdo a la cultura relativista, cada persona puede literalmente decidir lo que se le plazca con su vida, sin necesidad de llevar una vida moral conectada con la verdad universal, que es Dios mismo.

Por esta razón, en nuestras comunidades es muy común encontrarnos con personas que dicen ser seguidoras de la doctrina de Jesús, pero no les interesa llevar una vida de acuerdo a lo que Dios nos pide, como parejas que viven juntas sin el sacramento del matrimonio, personas que están envueltas en algún pecado de pureza como la pornografía o la infidelidad. Personas que asisten a la misa los domingos pero no son honestos en sus negocios o trabajos, etc.

Como consecuencia de este relativismo social y religioso, nosotros nos podríamos acostumbrar a vivir en constante pecado mortal, y lo peor, sin darnos cuenta, podríamos llegar a justificarlo y creer que vivir en pecado mortal es lo normal.

En el evangelio de este domingo, Jesús se dirige nuevamente a los sumos sacerdotes y fariseos de su tiempo. En Su intento por hacerles entender que el reino de los cielos no se podría construir solo con el cumplimiento de ritos y mandatos exteriores, Jesús trata de explicarles con una parábola que si no se arrepienten y cambian su corazón que estaba de alguna manera también corrompido por una cultura relativizada que acomodaban la verdad o la Revelación del Padre de acuerdo a sus propias conveniencias, vistiendo el traje del relativismo y se olvidaban y se olvidaron de vestir el traje de la verdad que se traduce en el amor al prójimo, perderían la oportunidad de participar del banquete de la vida eterna o la salvación como se conoce comúnmente y serian arrojados fuera el banquete de las bodas, donde se experimentara la ausencia de la paz, la bondad, la felicidad, en una palabra, de Dios mismo.

La pregunta que nos queda a nosotros por hacernos es: ¿estoy realmente viviendo mi vida de acuerdo a lo que Jesús me pide? ¿Estoy vistiendo el traje de la Verdad que me prepara para la celebración del banquete celestial? O estoy aún vistiendo los trapos de la cultura relativista, manipulando la verdad del evangelio de acuerdo a mis propias conveniencias que no me permite crecer en la vida de pureza y santidad.

Roguemos entonces al rey, nuestro padre Celestial que nos siga invitando a su banquete de bodas y que nos de fuerzas para responder a su invitación vistiendo día a día el traje de la verdad.

Gustavo Valdez es el Director Asociado de catequesis Hispana del Instituto Obispo Helmsing.

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Thursday
August 24, 2017
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph