Demos Frutos Para Participar de la Vida Divina

Como seres humanos tenemos una de auto conservación que siempre nos inclina a procurar el bien de nosotros mismos y evitar el mal. Esta inclinación de buscar el bien y procurar la auto conservación, Santo Tomas lo explica como una ley natural que busca la participación del ser racional con la ley eterna que nos rige y conduce hacia Dios mismo. Por lo tanto, buscar el bien de nosotros mismos es algo que está inscrito en nuestro corazón y finalmente este acto describe la tendencia natural que tenemos al buscar el encuentro con el Bien Eterno, quien es Dios mismo.

Sin embargo, buscar el propio bien no se puede reducir al bien meramente temporal y corporal, sino que este también abarca a toda la persona en si, por eso la búsqueda del bien incluye el bien temporal y espiritual de la persona y de la comunidad en que vivo. De esta manera, la persona entendida como un ser completo, corporal y espiritual puede aspirar al bien eterno.

En el evangelio de este domingo, el evangelista san Lucas describe como Jesús fue informado de la muerte de algunos galileos en manos de la guardia Romana. Esta noticia, que aparentemente podría ser un motivo de escándalo para cualquier judío, no tiene la misma reacción en Jesús porque él, en su naturaleza divina y humana, pudo ver las causas e intenciones de los que habían sido castigados físicamente por los soldados Romanos. Contrario a lo que mucha gente pudo haber hecho o reaccionado, Jesús utiliza un acto de desgracia corporal para transformarlo en una enseña de bien espiritual.

Esta nueva enseñanza no se concentra solo en el cuidado y respeto a la integridad de la persona, sino que va más bien orientada al cuidado y cambio del interior de las personas. Este cambio, que debe ser orientado a un bien mas alto, es más puro, perfecto, y eterno al que verdaderamente estamos todos llamados a realizar.

Por esta razón Jesús les dijo a los que estaban escandalizados por la muerte corporal de esas personas, “¿creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás?, yo les aseguro que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo.” Inmediatamente después Jesús les explica esta invitación a la conversión por medio de la parábola de la higuera que no da fruto.

En esta parábola, Jesús no escatima en anunciar que el castigo que está preparado para aquellos que no corrigen sus pasos será peor que la privación de la vida terrenal, porque será la perdida de la vida eterna, la pérdida del bien al que estamos llamados a participar desde el momento de nuestra creación.

De tal manera que la enseñanza de Jesús, usando la parábola de la higuera, es muy clara; nosotros estamos llamados a vivir nuestra vida de acuerdo a lo que estamos llamados a ser, santos como nuestro Padre es Santo. Pero si no damos frutos de bien, entonces seremos cortados de la participación de la vida divina, que nos rige y nos mueve, naturalmente hacia El.

Por Gustavo Valdez, Director Asociado del Instituto Obispo Helmsing de la Diócesis de Kansas City-St. Joseph.

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Wednesday
May 24, 2017
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