La Humildad que Jesús Nos Pide es Ser Como El Mismo

Por La primera lectura de este domingo nos propone una conducta fiel y sincera de nuestra vida, viviendo humildemente, siguiendo una actitud de coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, una vida, en fin, de amor hacia Dios y los hermanos.

Se debe recordar que la humildad como hábito y actitud de imitar a Cristo – que se hizo hombre siendo Dios – no es la virtud máxima que es reservada a la caridad pero es una virtud fundacional para tener caridad. Pues si no somos humildes, no podremos reconocer los signos del amor de Dios en nuestra vida. Sin la humildad tampoco se reconocerá a Dios como Creador y Providente en nuestra historia personal.

San Mateo nos cuenta en este pasaje que Jesús hablaba a multitudes y discípulos mencionando que los escribas y los fariseos se habían sentado en la cátedra de Moisés para enseñar a los demás: “Hagan y cumplan como ellos están enseñando,” – decía Jesús pero, advertía – “ellos dicen pero no hacen.” Es que ellos – continuaba San Mateo – “Atan cargas pesadas e insoportables y la echan sobre los hombros de los demás, pero ellos ni con uno de sus dedos quieran moverlas.” (Mt 23, 3-4)

La enseñanza es clara; no se debe fingir sentimientos ni una conducta engañosa; la de un maestro falso. No se debe llevar una vida hipócrita, de los que dicen pero no hacen. Se debe ser fiel con nuestra conducta para cumplir los mandamientos, los de la ley de Dios y al Amor que Jesús, el Cristo, nos anuncia.

Además, sigue narrando San Mateo, los escribas y fariseos “Anhelan los primeros puestos en los banquetes, los primeros puestos en las sinagogas y que le saluden en las plazas y que la gente les llame rabbí. Ustedes, al contrario, no se hagan llamar rabbí porque solo uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos” (Mt 23: 8-9) Vivir la humildad es vivir siendo un testigo, imitarlo.

La humildad que Jesús nos pide es ser como El mismo. Jesús nació en un establo, en una familia pobre, una pobreza que manifiesta la gloria del cielo como dice el Catecismo de la Iglesia Católica # 525. Es que existe un solo doctor, y ese doctor es uno solo, Cristo. Y así que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor.

El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado (Mt 23: 11-12). Eso es lo que nos pide San Pablo en la primera lectura a los de Tesalónica, una conducta para todos, para los que ejercen autoridad y para los que no, pues “testigos son y Dios también, de que nuestra conducta entre nosotros, los creyentes fue santa, justa e irreprochable.” (Tes 2,10) Es el testimonio de nuestras vidas el que mueve a otras personas a seguir a Cristo: y no el eco vacío de nuestras palabras.

Por Mario Ramos-Reyes, M.T.S. profesor adjunto del Instituto Obispo Helmsing

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Thursday
July 24, 2014
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