Iluminemos Nuestros Actos por el Evangelio de Cristo Rey

Vivimos en un tiempo histórico donde la idea de vida eternal es casi imposible de creer. La gente normalmente cree que la segunda venida de Jesús es como algo romántico o fantasioso. Por eso, desafortunadamente, la cultura moderna nos invita a vivir una vida preocupada solo en el aquí, llámese nuestra vida en la tierra y el ahora.

Esta visión terrenal de la vida nos en dos problemas existenciales. El primero se refiere a la tentación de vivir nuestra vida preocupados por las cosas materiales que satisfacen nuestras necesidades corporales no trascendentales y la otra tentación es vivir una espiritualidad temporal. Esta espiritualidad temporal es la que nos invita a hacer cosas buenas como ayudar a los más necesitados solo por amor a la humanidad. Esta tendencia se conoce como filantropía, que quiere decir, “amor por lo humano.” El problema fundamental de estas dos maneras de ver la vida es que la verdad trascendental de nuestra existencia es casi nulo.

Por ejemplo, los que se preocupan solo por satisfacer las necesidades materiales, se olvidan de su realidad espiritual trascendental. Los que solo se preocupan por las necesidades humanitarias, se olvidan que el trabajo de ayuda humana no es solo por el hombre mismo, sino que debe ser por amor a Dios, quien es el Creador de la criatura.

En el Evangelio del este domingo, celebramos la fiesta de Cristo Rey. Esta fiesta nos debe recordar que nuestra vida tiene sentido cuando le damos a Dios el lugar que se merece, el Rey de todo el universo, incluyendo nuestra propia vida.

Si encaminamos nuestros actos humanos, iluminados por el evangelio de Cristo Rey, podremos darnos cuenta que nuestra vida tiene sentido, no solo físico y temporal, sino que también trascendental. Esta vida trascendental le da sentido a nuestros actos humanos. No debemos conformarnos con satisfacer nuestras necesidades temporales ni tampoco debemos de hacer el bien a los demás solo por amor a la humanidad, sin o que debemos tener una visión más amplia y trascendental. Debemos ayudar a los demás, por el reino de los cielos, no por el reino humanitario.

De esta manera y solo de esta, podremos seguir el consejo evangélico que encontramos en el evangelio de San Mateo, “porque estuve hambriento y me diste de comer, sediento y me diste de beber, fui extranjero y me diste la bienvenida, encarcelado y me visitaste.”

Ayudémonos los unos a los otros pensando en la construcción del reino de Jesús porque de esta manera podremos decir que Jesús es nuestro Rey. Si vivimos entonces buscando que nuestras acciones estén conectadas con la vida eterna, podremos entonces pensar que Jesús, nuestro Rey, en el día final nos va a decir, “entran al Reino de mi Padre, y hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.”

Por Gustavo Valdez, Director Asociado de Catequesis Hispana del Instituto Obispo Helmsing

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Saturday
October 21, 2017
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph