La Autoridad de los Padres Sobre los Hijos Viene de Dios

En nuestro tiempo en que vivimos, encontramos a mucha gente que tiene muchos problemas con las autoridades. Empezando en nuestras casas, la autoridad de los padres es siempre cuestionada por lo hijos. El hijo que acaba de cumplir los 21 años de edad le da por decirle a su padre que el ya es mayor de edad y por lo tanto es libre para tomar sus propias decisiones. Esta libertad que el joven dice tener está muy ligada con el deseo de romper con una autoridad que no le permite hacer lo que quiera con su vida. Sin embrago, lo que está en el corazón de este muchacho es el deseo por ser autosuficiente y no depender más de la tutela de los padres.

La necesidad de ser autodependiente no es mala e incluso está inscrita en nuestro ser, porque tarde o temprano el joven tendrá que tomar sus propias decisiones para su vida. El problema aquí no es el deseo de ser libre, sino la manera en que se enfrenta a la autoridad que tiene que respetar, no importa si está bajo la tutela del padre o la madre, la autoridad de los progenitores no es adquirida por fuerza natural o humana, sino por autoridad y designio divino.

¿Qué quiere decir esto? Bueno, esto quiere decir que la autoridad de los padres sobre los hijos viene de Dios, quien da la vida y la responsabilidad a los padres para cuidar y proteger a los hijos hasta que estos son suficientemente maduros, física y psicológicamente, para que inicien su propio vuelo en su vida. Mientras que este tiempo no llega, los hijos que viven bajo la protección de sus padres, tienen la obligación de obedecerlos y respetarlos en todo.

En el evangelio de este domingo, Jesús nos da una lección de obediencia al Padre. Sabemos que la misma encarnación, la humanización de la divinidad, es resultado de la obediencia del Hijo hacia su Padre. Toda la misión de Jesús en la tierra no fue más que obediencia sin condiciones al Padre quien lo envió a la tierra asumiendo nuestra condición humana solo para hacer la voluntad del Padre, nuestra Redención.

Cuando Jesús se presenta en la sinagoga y por primera vez se da a conocer como el Mesías que ha sido esperado por siglos desde la promesa que Dios hizo a Abraham de ser una bendición para todas las naciones y con ello dar a conocer la voluntad del Padre. Con esta misión, Jesús mismo obtenía toda la autoridad para actuar como el Mesías en medio del pueblo escogido por Dios. Es por eso que en el mismo evangelio podemos encontrar que hasta los malos espíritus podían reconocer quien era él y con qué autoridad podía hablar y actuar.

En nuestra vida, saber reconocer la autoridad de nuestras autoridades, progenitores o superiores es un don que debemos de desarrollar. Y al mismo tiempo debemos de reconocer que cuando nosotros tenemos alguna autoridad, no es más que la oportunidad de servir a Dios en aquellos que están bajo nuestra responsabilidad.

Oremos pues para saber discernir y escuchar la voz de Dios que se transmite por medio de las autoridades que el mismo ha puesto en nuestro camino y oremos también para que ellas sepan desarrollar su tarea de acuerdo al plan de Dios.

 

Por Gustavo Valdez, Director del Ministerio Hispano, Diócesis de Kansas City-St. Joseph

 

 

 

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Saturday
November 18, 2017
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