No Hay Amor Mas Profundo: Santo Tomás Moro un ejemplo a seguir

Santo Tomás Moro

Por Jorge Orozco

¿Qué estaría dispuesto a sacrificar para alcanzar la verdad?

¿Su trabajo? ¿Su casa? ¿Su dinero? ¿Su vida? Tomás Moro, un mártir y santo inglés del siglo XVI, sacrificó todo esto y mucho más. Y lo hizo para defender la verdad de acuerdo con su conciencia y para defender el vínculo del matrimonio que el rey Enrique VIII quería romper para casarse con Ana Bolena. Moro defendió la verdad de esa forma también para proteger a su familia, negándose a exponer a su mujer o a su amada hija, Meg, a la ira del rey o a los procesos de la corte que conducirían a su decapitación.

Muchos de nosotros conocemos la historia a través de la película de Robert Bolt, “Un hombre para la eternidad.” El genial Paul Schofield retrata a Sir Tomás Moro, Lord Canciller del reino de Inglaterra, como un hombre de intelecto superior, con un control emocional admirable y una gran pasión por la justicia. En todos los asuntos relacionados con su cargo público era prudente y considerado, pero nunca escrupuloso.

También era un hombre de familia diligente y cariñoso, que mostró un gran afecto por su esposa y su hija escribiéndoles extensas cartas cuando los asuntos de negocios lo mantenían alejado de la propiedad familiar, en las afueras de Londres. Deseaba vehementemente que su familia pudiera vivir en paz y con comodidad en épocas turbulentas.

Tomás Moro es un modelo para los padres, no sólo porque era valiente y de una fe inquebrantable frente a la muerte, llegando a declarar en el cadalso donde fue ejecutado: “Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios.” Podemos ver una muestra de fortaleza en este ejemplo, pero pocos padres serán sometidos a una prueba semejante. Como Moro reconoció en sus cartas mientras se encontraba preso en la Torre de Londres, ese heroísmo es una gracia de Dios por la que debe orarse y no algo de lo que uno deba vanagloriarse.

Moro es un modelo para los padres porque, mucho antes de enfrentar al verdugo, resolvió en la vida cotidiana dedicar su vida al bien de su familia y al servicio de la comunidad.  Se enfrentó a menudo con demandas contradictorias que surgían de sus obligaciones como marido y padre y su alto cargo en el reino, y sus cartas indican que no siempre estaba seguro de haber encontrado el equilibrio adecuado. Pero estaba consciente de ese conflicto y luchó cada día para cumplir con sus responsabilidades privadas y públicas.

Al final, se dio cuenta de que su primera obligación como hombre, marido y padre era con Dios Padre.  Su testimonio y su ejemplo se aplican a todas las épocas. Es por eso que los Caballeros de Colón lo reconocemos como un ejemplo a seguir y “Un padre para la eternidad.”

Por Jorge Orozco, Canciller del Concilio Hispano de los Caballeros de Colon

 

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Saturday
March 25, 2017
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