Sean Fecundos y Multiplíquense

Por Lorena Ruiz

¿El mundo lo necesita? Con la manera de vivir en la actualidad diríamos que “no” y que la Iglesia no debería de tener el sacramento del matrimonio, ya que hay demasiados divorcios y que las parejas ya no pueden manter esta unión de amor. Que es mejor mantenerse casado por las leyes civiles , por que es mas fácil la separación, o simplemente no casarte y estar en amasiato, “por que si no funciona,” solo hay que separarse, sin problemas, esto le llaman matrimonios al vapor o tener mari-novios, que yo diría que solo los unió la pasión y no el amor verdadero. Pero entrando ya en materia del matrimonio que nos dice Dios en su palabra?

El matrimonio está entre los planes básicos y originales de Dios para la humanidad. Fuimos creados hombres y mujeres para que pudiéramos amarnos en pareja  (Génesis 1, 27-28). Pero además, esta capacidad de amor refleja que somos a Imagen de Dios, que es Amor (Gn. 1, 27; Mt., 19,4; Icor, 11,7, ). Gracias a este don, la pareja humana, más que cualquier otra pareja de creaturas, puede aspirar a la vocación del matrimonio : no sólo encontrarse con otro para establecer amistad o recibir un servicio, sino para “ser pareja”, es decir, salir de sí mismo y entregar todo lo que se tiene en su ser, para formar una comunión de vida y amor “Por eso el hombre abandonará a su padre o a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Gn. 2, 24).

Es claro entonces que el amor y la sexualidad son para la pareja bendición (“no es bueno que el hombre esté solo”, Gn 2, 18), y nos posibilitan encontrar en la persona de otro género a alguien a nuestro mismo nivel (“esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne” Gn. 2,23).

Gracias a ello, hombre y mujer pueden ser el uno para la otra el compañero(a) de conquistas y logros, y sobre todo, la pareja con la cual podemos abrirnos al milagro de la procreación: “Y los bendijo Dios diciendo: ‘Sean  fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra” (Gn 1, 28)

Cristo restauró el orden perdido y le devolvió también al matrimonio su sentido original. En el Reino de Dios, donde cada cual debe amar al otro como a sí mismo, la entrega total y fiel de los esposos es de nuevo una realidad posible (Véase, Mateo 19,3-6; Ef. 5,31, 1Cor 6,16). Sólo la muerte separa a quienes se aman con el Amor que Dios les da. (Mt 19, 6).

Pero además de restaurar el orden perdido, Cristo inició una nueva era para el amor.

Cristo, que se hizo una sola carne con la humanidad y pudo amarnos hasta el extremo (Jn. 13, 1) hizo que las parejas que viven de su amor puedan amarse como El ama: “Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, …. tengan amor que es el vínculo de la perfecta unión” (Col 3, 12-14); “Es decir, “Quien está lleno de Cristo ama como El, en fidelidad y totalidad. De este modo, lo que Cristo une no lo separa nada ni nadie. Así el compromiso matrimonial queda basado no en una decisión humana que puede estar sometida a la fragilidad de nuestras decisiones, sino en el poder mismo del amor de Cristo que obrando en el corazón de los esposos los hace amarse como El mismo nos ama. Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en El “ (1Jn 4,16).

Por eso, el amor que ahora se profesan los esposos ha través del sacramento del matrimonio a sido elevado a la dignidad de ser, no sólo imagen del amor de Dios, sino también de la entrega misma de Cristo en la cruz. Así lo explica San Pablo cuando dice a los esposos: Así como Cristo ama a su Iglesia y da todo de sí para hacerla santa, así también los esposos deben amar a sus esposas.” (Efesios 5, 25-26) Y también las esposas deben amar a sus esposos como Cristo ama a su Iglesia  (Véase Efesios 5, 22-23).

Doy gracias a Dios por venir de una familia Católica y tener a mis padres que han tenido siempre en su corazón el amor de Dios y que sellaron su amor con el Sacramento del Matrimonio y que saben que es para la santificación de ellos y de nosotros sus hijos, que con su ejemplo, enseñanza, esfuerzo y testimonio nos han dado la mayor herencia que es la de vivir en la verdad, en nuestro señor Jesucristo y nos han formado para ser verdaderos testigos de su poder y vivirlo.

Para Profundizar, se recomienda leer, Catecismo de la Iglesia Católica, #s 1602-1617y Constitución Lumen gentium, 11 y 41 o

Por Lorena Ruiz, Coordinadora Del Grupo Carismático Católico Los Del Camino

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March 24, 2017
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph