Nuestro Testimonio – Luz Que Arrastra…

Por el Padre Darvin Salazar

“Juan no era la luz sino testigo de la luz.” Celebramos este Domingo la Natividad de San Juan Bautista, el precursor del Señor. Es un hombre marcado por la gracia desde antes de su nacimiento. En el evangelio de hoy leemos que recibe un nombre que nadie se espera. No es nombrado Zacarías como su padre, sino Juan. El hecho de que su padre recupere el habla y bendiga a Dios, junto con ese nombre ajeno a la tradición familiar que le da, suscita la admiración de todos y una pregunta: ¿Qué va a ser de este niño? Hoy entendemos que no es extraño que suceda así, puesto que Juan tendrá la gracia de anunciar cosas más grandes como la llegada del Mesías que nacerá seis meses más tarde. Sin embargo, la pregunta de los vecinos de Israel ya nos indica algo. Ante toda persona debemos plantearnos qué va a ser de ella. La admiración de aquella gente nos hace ver que por encima de las expectativas humanas hay siempre un designio de Dios. Si la preocupación de los padres por los hijos incluye siempre esta pregunta, que es la causa de sus desvelos y que nace del amor, la que hoy leemos nos remite a Cristo. Lo que va a ser de cada uno en el transcurso de nuestras vidas, hay que contemplarlo desde Cristo. En el Concilio Vaticano II se señaló que el misterio del hombre se descubre a la luz del Verbo encarnado. Juan el Bautista, como precursor, nace en medio de signos extraordinarios. Su vida entera se entiende en relación con Jesús. Pero lo que a él le sucede también nos ocurrirá a nosotros. La mudez de Zacarías nos invita a buscar en el silencio interior lo que Dios quiere de cada persona.

Juan nace para dar testimonio y en él reconocemos que también cada uno de nosotros ha de mostrar en su vida el signo de Dios. Él lo hizo de una forma singular, retirándose al silencio del desierto para ser la voz de la palabra. Después mostró a sus discípulos al Cordero, por cuya sangre la vida de todos nosotros adquiere una dimensión nueva, una vida De Gracia. No sólo somos hijos de nuestros padres, sino sobre todo hijos de Dios.

Cuando meditamos en la vida de San Juan Bautista nos sorprende su fuerza y su ascesis. Toda su preparación en el desierto iba destinada a dar testimonio. He aquí también un sentido importante de la orientación de nuestra vida: Mostrar a los demás el rostro de Cristo, ordenando todas nuestras actitudes para que ello sea posible. Si nuestra vida está abierta a Dios, si deseamos cumplir en todo su voluntad y buscamos conformar nuestra vida a su designio siendo fieles a la propia vocación y empleando en ello nuestras energías, nos convertiremos entonces para los demás en noticia salvadora.

Que San Juan Bautista nos anime e interceda por nosotros para que podamos ser siempre auténticos y fieles discípulos del Señor.

Por el Padre Darvin Salazar, vicario de la parroquia de Nuestra Señora de la Presentación

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Friday
March 24, 2017
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph