Un Llamado de Dios Para Un Servicio Especial

Por Jorge Andrés Moreno

Hablar del llamado que Dios hace para participar de una misión especial es necesario decir que quien es llamado no es precisamente digno, pero Dios selecciona y prepara para hacer digno al candidato para la vocación a la vida sacerdotal. Antes de hablar de la vocación sacerdotal hay aclarar que para llegar a ser sacerdote es necesario dar una mirada de Fe que nos invita a ir mas al fondo de lo que significa ser sacerdote; en la persona del sacerdote es Cristo quien se hace presente a los hombres de una manera especial; en cada sacerdote es el Señor Jesús mismo quien habla, quien celebra y quien actúa. No se trata de que el sacerdote sea mejor o mas santo que los otros, sino que, sin merito alguno por su parte, ha sido llamado para este servicio. Debo aclarar que en este momento la crisis de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, se da porque no vivimos realmente como escuela del Evangelio donde se enseñan valores trascendentales para vivir como familia de ejemplo y testimonio, por ende recordar que la familia es la principal fuente de la vocación sacerdotal.

Como cuando Jesús eligió a sus apóstoles de entre la multitud de sus discípulos para que estuvieran cerca de él y aprendieran a apacentar el rebaño que en un tiempo no muy lejano el mismo les iba a encomendar. En la comunidad de bautizados el Señor llama a algunos a quienes les confía su obra de manera muy particular. Ellos son llamados a ser diferentes, no valen más que los otros, por tanto la Iglesia no puede prescindir de ellos.

Mucha gente se pregunta y tal vez tú seas uno de ellos: ¿Que podemos hacer para que haya más sacerdotes en nuestra Iglesia Católica? Jesús nos da la respuesta: el reza a su Padre: la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rogad por tanto al dueño de la mies que envié obreros a su mies (Mt 9,37). Si Jesús el mismo hijo de Dios ha hecho esta petición a su Padre cuanto más tenemos que hacerlo nosotros. Pues los sacerdotes no podemos hacerlos nosotros, como haciendo pan. Es necesario que se nos den. Y no se consigue nada sin pedirlo. Hay recordar que rezar no es suficiente. Los sacerdotes salen de las comunidades y, todavía antes, de una familia. Son como los frutos de un árbol nunca se darán frutos sin una previa preparación del terreno y sin antes una floración. Pues precisamente no se da una floración allí donde no se vive apasionadamente por Cristo. Allí donde se ama a Cristo, reina la primavera y los frutos esperan ser cosechados. Allí donde los padres y los hijos tienen una intimidad con Cristo.

Porque llegar a ser un Sacerdote encierra en sí el deseo de Cristo de dar la vida, hay en El algo que es a la vez paternal, porque quien ama a Cristo, ama también a la Iglesia. En este mismo sentido quiero hablar de mi propia experiencia vocacional, y quiero decir que seguir a Cristo vale la pena porque quien verdaderamente sigue a Cristo y no otras cosas siempre obtendrá de él muchos regalos que usted nunca se esperaba. Yo que sentí el llamado de Dios a colaborar en su proyecto, y que después de haber estado seis años de vida religiosa en mi país Colombia; también después de conocer diferentes culturas en otros países a los que fui enviado como misionero Dios me eligió, me invito a participar de la vocación a la vida sacerdotal diocesana en esta Diócesis de Kansas City Saint Joseph en la cual soy seminarista y de la cual estoy muy orgulloso de pertenecer.

Cuando llegue a los Estados Unidos de América después de haber terminado mis estudios de filosofía y mi primer año de teología; sentí empezar de nuevo en una nueva lengua y en una nueva cultura. Pero seguro de que Cristo me ha elegido para colaborar en el proyecto de su Padre en pro de la salvación de los hombres; he seguido la promesa que él ha hecho en el Evangelio que dice: Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna (Mt 19, 29). Y verdaderamente eso siempre lo he recibido de Cristo y de la Iglesia, donde quiera que haya estado y ahora en los Estados Unidos, en Missouri, en mi Diócesis de Kansas City Saint Joseph.

Siempre doy gracias a Dios, a mis Padres, a mis hermanos, y todos los que han ayudado a que mi vocación crezca. También darle gracias a Dios Padre por estar ayudando en estas vacaciones de verano en el Ministerio Hispano aquí en mi Diócesis. Por eso desde mi sencilla historia vocacional quiero invitar a todos los que deseen seguir a Cristo en la vocación sacerdotal diciendo que: solo hay que dejar todo y seguirlo; Les invito a decir siempre: Señor danos sacerdotes, Señor danos sacerdotes santos, Señor danos sacerdotes santos y sabios.

Es por eso que hago extensiva la invitación a todas las familias hispanas a que promuevan la vocación a la vida consagrada entre nuestros jóvenes emigrantes, para más información puedes comunicarte con Padre Richard Rocha en la oficina de vocaciones al email: vocations@diocesekcsj.org o al teléfono: (816) 756 18 58 (x 572).

Por Jorge Andrés Moreno, seminarista de la Diócesis de Kansas City – St. Joseph.

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Wednesday
October 18, 2017
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph