Jesús Eucaristía Pan Vivo Bajado del Cielo

Por Luis Felipe Suarez

Hoy hablar de Jesucristo como el pan vivo se trata de un prodigio sorprendente y el milagro más grande que tiene la humanidad, que constituye el comienzo de un largo proceso histórico: la multiplicación incesante en la Iglesia del Pan de Vida nuevo para los hombres de todas las razas, pueblos y culturas. Este ministerio sacramental se confía a los apóstoles y a sus sucesores. Y ellos, fieles a la consigna del Divino Maestro, no dejan de partir y distribuir el Pan Eucarístico de generación en generación hasta nuestros días. Todos ellos son Obispos y sacerdotes que día a día hacen presente en el altar el pan vivo bajado del cielo para alimentar al pueblo hambriento y sediento de Dios.

El pueblo de Dios lo recibe con devota, consiente y viva participación. Con este Pan de vida, medicina de inmortalidad, se han alimentado innumerables santos y mártires, obteniendo la fuerza para soportar incluso duras y prolongadas tribulaciones. Han creído en las palabras que Jesús pronunció un día en Cafarnaúm: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn 6, 51). y es verdad la Iglesia católica se ha alimentado durante XXI siglos de la Eucaristía y se ha fortalecido contra los ataques del enemigo, soportando las dificultades y tempestades que arremeten contra ella, sin desfallecer. La Iglesia católica vive gracias a la Eucaristía, se alimenta de ella y continúa perseverando.

Jesús: Realiza la alianza anunciada a los profetas hebreos; Él mismo es la alianza estipulada al precio de su sangre. Él es el mediador entre Dios y los hombres; es sacrificio de holocausto porque queda completamente destruido hasta derramar la última gota de su sangre por nosotros, y también es sacrificio de comunión, no solamente como Palabra que baja del Padre, sino como sacrificio en el que hay una víctima que se destruye y de la cual participan los que ofrecen el sacrificio. Y los que se alimenten de este convite, en el que Él se nos da como Víctima divina, recibirán un manjar que produce en nosotros frutos de vida eterna.

Jesús se define como el “el Pan de vida”, y añade: “El pan que yo daré, es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51). ¡Misterio de nuestra salvación! Cristo, único Señor ayer, hoy y siempre, quiso unir su presencia salvífica en el mundo y en la historia al sacramento de la Eucaristía. Quiso convertirse en pan partido, para que todos los hombres pudieran alimentarse con su misma vida, mediante la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

Jesús, como el pan dado por el Padre, bajado del cielo, del que hay que comer mediante la fe, destaca el realismo sacramental de esta unidad literaria estrictamente eucarística: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él (6,56). Es necesario comer la carne y beber la sangre del Hijo del Hombre para permanecer en Él. Esta permanencia designa la vida cristiana como tal: el discípulo cristiano se conoce por la permanencia en la unión con Cristo (cfr. Jn 15,4-7). Esta unión es eficaz y se realiza cuando se cumple la exigencia única y decisiva impuesta al hombre, que es la fe en el Revelador, enviado por Dios y portador de la salvación.

Nosotros queremos permanecer con Cristo, y por eso le decimos con Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68). Con la misma convicción de Pedro, nos arrodillamos hoy ante el Sacramento del altar y renovamos nuestra profesión de fe en la presencia real de Cristo.

Por Luis Felipe Suarez, seminarista de la diócesis de Kansas City-St. Joseph

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  • javier armando suárez

    Felicitaciones Luis Felipe por tu comentario muy teológico en los elementos que desarrollas aqui. Este artículo evidenia tu identificación con Jesús en la Eucaristía y el valor tan importante de la revelación que hace Jesús en la Eucaristía. “el pan vivo bajado del cielo”. Su directa vivencia en cada Eucaristía son algo nuevo quedescubres de Jesús y eso lo expresas en el comentario que escribes cuando hablas de Jesús es el revelador, pero también del sentido de sacrficio cuando hablas de que él se destruye para darnos vida. Dios aumente tu fe para que cada día tu encuentro personal con Jesús seauna Gracia. Te felicito por la unidad que muestran los Seminaristas con el Señor Obispo, Reverendo Finn, el sentido de fraternidad y hermanadad que se percibe en la foto.
    Dios los bendiga a todos.
    Javier

Friday
November 28, 2014
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph