Joven Reavive tu Fe

Por Edith Montes

En sintonía con el año de la fe y con ocasión a la jornada mundial de la juventud que se celebrará el próximo año en Rio de Janeiro Brasil y que tiene como lema «Id y haced discípulos a todos los pueblos” (Mt. 28,19), se nos recuerda el envío que Jesús hizo en aquel entonces a sus discípulos y que, aunque hoy, en algunos, sean solo palabras que se dirigían a los discípulos de esa época, éstas por el contrario, siguen vivas y actuales. Evidentemente las palabras «Id y haced» de Jesús indicaban la misión que encargaba a los suyos, a los que amaba y a quienes le conocían; y significaban también, una propuesta de proyecto de vida y vocación para llevar a buen término ese encargo. En esta oportunidad, nuestro Santo Padre le recuerda a la Iglesia y al Joven que tenemos la misión de llevar la Buena Nueva a toda la creación. Ante las dificultades del mundo de hoy, nuestros jóvenes están sedientos por escuchar a cerca de ese plan de Dios que le pueda dar sentido a sus vidas, respuesta a la razón de su existencia, hacia donde ir, qué les queda aún por hacer. Así lo veíamos en el texto del joven rico que se acerca a Jesús y le pregunta, qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? (Mt. 19,16) Precisamente todas estas inquietudes, que dan una apariencia de oscuridad, se convierten en un camino que, iluminado por la Fe, nos muestra las herramientas con las que los jóvenes, ayudados por su familia, educadores y sociedad, pueden construir su proyecto de vida; el valor del mismo dependerá entonces, de la autenticidad, de la rectitud de conciencia y sensibilidad que el joven le imprima para llevarlo a cabo , también de la responsabilidad que nos corresponde como Iglesia de comprender y enseñar al joven que cada existencia tiene un valor inestimable, que es única y que tiene un propósito, porque es fruto del amor de Dios.

Había una vez, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellisimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegria en el jardin, excepto por un arbol profundamente triste. El pobre tenia un problema: “No sabia quién era.” “Lo que te falta es concentración,” le decía el manzano, “si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ve que fácil es?” — No lo escuches, exigia el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son? Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerian, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez mas frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: — No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchisimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución. No dediques tu vida a ser como los demas quieran que seas. Se tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior. Y dicho esto, el búho desapareció. — ¿Mi voz interior? ¿Ser yo mismo? ¿Conocerme? se preguntaba el arbol desesperado, cuando de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oidos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: — Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni floreceras cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión “Cúmplela.” Y el árbol se sintió fuerte y seguro de si mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y solo entonces el jardín fue completamente feliz. Un joven que no conoce quién es ni cuál es su propósito en la vida, es alguien que en el mañana será un adulto infeliz y sometido a los antivalores del mundo, sin amor en su corazón y sin reconocer que su existencia es fruto del gran amor de Dios.

Muchas veces nos quedamos observando como espectadores los errores y caídas de los jóvenes, les criticamos y juzgamos duramente desconociendo que probablemente nuestra falta de darles la luz de la fe los ha provocado, en otras palabras, no hemos asumido el apostolado al que nos invita el Señor de evangelizar. Como vemos en la (2 Tim. 5) «Pues evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti” San Pablo nos señala la importancia de arraigar la fe en el corazón de la familia y de transmitirla, de mostrarle con nuestro testimonio de vida a los jóvenes el amor de Dios; así también, en el versículo 6 “Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos,” nos exhorta como Iglesia a avivar la fe de los jóvenes, estos es en mi opinión, trabajar incansablemente por lanzar las redes del amor y no desistir, con paciencia y esperanza en ellos para ver los frutos de la sociedad del mañana “Sera como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera” (Salmo 1:1-3). No podemos continuar indiferentes con la situación actual de los jóvenes, “quien comprenda esta necesidad sólo podrá exclamar con Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Co 9,16)» S.S. Benedicto XVI.

Por Edith Montes, voluntaria del programa de radio católico “Imagen de Dios”

 

 

 

 

 

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Saturday
December 20, 2014
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph