Vivimos al Estilo de la Familia de Nazaret?

Por Edith Montes

En el tiempo litúrgico de adviento que celebra nuestra iglesia católica, recibimos la invitación de preparar nuestros corazones para la venida del niño Jesús. El color usado en la liturgia de la Iglesia en este tiempo es es el morado y con el adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia. También es una invitación personal y familiar a reflexionar, compartir y sobre todo a amar. Sin embargo, cuando hacemos el ejercicio consciente de reflexionar si vivimos a estilo de la familia de Nazaret, a veces el balance puede resultar muy distante de la propuesta de vida familiar que el Evangelio y la Iglesia nos proponen. Es por esto que hoy queremos proponer esta reflexión y orientar a todos aquellos creyentes que vivimos la vocación familiar y necesitamos mejorar en varios aspectos que nos separan en mucho o en poco de vivir un estilo de vida a la manera de la familia de Nazaret.
Para empezar debemos tomar la lectura de Lucas 2, 41 -42 para hacernos una idea de la familia de Nazaret, en principio observamos que es una familia constituida sobre la base del matrimonio, ellos estuvieron realmente casados como lo señala el Evangelio de san Mateo y san Lucas, y Jesús era hijo verdadero de María. Esta realidad es de suma importancia en la actualidad ya que en oposición encontramos que el modelo o estilo de familia que nos propone la sociedad consiste en la promoción de ideologías y legislaciones civiles que trastornan el orden natural, como ejemplos observamos la permisión del matrimonio civil o las uniones de hecho, las uniones entre personas del mismo sexo y el aval del divorcio como opción. La familia de Nazaret se presenta hoy como un ejemplo de pareja formada por un hombre y una mujer, unida por amor de una forma permanente y con una dimensión pública.
Otro modelo importante de familia que la sociedad promueve, es aquel en el que la familia ocupa la mayor parte de su tiempo y dedica sus mayores esfuerzos a acumular riquezas que les dan acceso a una aparente felicidad. Lo que no se observa a simple vista es que obtener una vida llena bienes generalmente está acompañado de un abandono marcado de la familia, que se manifiesta en el poco tiempo dedicado entre cónyuges e hijos, la pérdida de valores cristianos y la poca entrega en el servicio a Dios y al prójimo. Dios nos ha querido revelar que la vida corriente y de cada día es el lugar donde Él nos espera para que le amemos y realicemos su proyecto sobre nosotros. El secreto es vivir «esa» vida con el mismo amor y constancia que la sagrada familia.
El trabajo en la familia de Nazaret era un aspecto importante en su cotidianidad, san José realizaba trabajos manuales y María se dedicaba como todas las mujeres casadas a las labores domésticas del hogar y prestar pequeños servicios a los demás. Jesús ayudaba a sus padres en sus labores. En la actualidad muchas familias no alientan el valor del trabajo entre sus miembros por el contrario son desvalorados y no resaltados, durante las últimas décadas se ha promovido la salida de la mujer de los hogares, argumentando que las labores sencillas del hogar que revelan su naturaleza maternal y que expresan la calidez, el amor y la ternura, no tienen el mismo o mayor valor que su trabajo en una oficina, lo más grave es que a menudo sufren fuertes descalificaciones sociales. La Sagrada familia vivió el Evangelio del trabajo es decir: el trabajo como realidad maravillosa que da una participación en la obra creadora de Dios, que sirve para sacar adelante la propia familia y ayudar a los demás, y para santificarse y santificar por medio de él. También en esto es un modelo perfecto para la familia actual.
Por último la familia de Nazaret era una familia israelita profundamente creyente y practicante. Tenían su vida centrada en Dios, pues observamos como desde su noviazgo llevaban una vida de oración que les permitió estar atentos al plan de Dios en sus vidas. Muchas veces olvidamos la oración personal y en familia, bendecir los alimentos, vivenciar los sacramentos y dejamos apagar la luz de Cristo en nuestros hogares, aquella que será la nos ilumine en tiempos de oscuridad y dificultad. Las familias de hoy son autosuficientes y se enfocan en los bienes terrenos, transmiten a sus hijos todos los antivalores y luego se preguntan en que fallaron cuando un hijo se pierde. Nuestra madre Iglesia nos recuerda que cada familia es una Iglesia domestica que enseña y educa a sus integrantes en la fe con total amor y entrega. En esta navidad te invitamos a pregúntate si tú y tu familia viven al estilo de la familia de Nazaret, ese es el verdadero llamado en este tiempo litúrgico del adviento. o

Por Edith Montes, Voluntaria del Ministerio Hispano, Diócesis de Kansas City, St. Joseph

 

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Monday
October 20, 2014
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