‘Espíritu del Señor esta sobre mi’

Hoy cuando escuchamos la voz de Jesús a través del evangelista que nos dice que Jesús se presenta ante la sociedad de la época como aquel en quien las promesas del Profeta Isaías describieron, a un Jesús Profeta sin miedo a anunciar y denunciar la misma verdad que es El en la persona de Hijo de Dios encarnado. San Lucas el evangelista nos muestra también a Jesús como el que hace real la historia de la salvación dividida en varios períodos. Presenta esta historia como un camino profético y salvador, programado y dirigido por Dios Padre, que ofrece la salvación por medio del Espíritu Santo y de los profetas, los del Antiguo Testamento, Jesús-Profeta y la Iglesia, pueblo de profetas.

Como Palabra de Dios, Jesús hoy nos es presentado como un Maestro, ya que «iba enseñando en sus sinagogas» (Lc 4,15). Comienza como cualquier otro predicador: leyendo un texto de la Escritura, que precisamente ahora se cumple… La palabra del profeta Isaías se está cumpliendo; más aún: toda la palabra, todo el contenido de las Escrituras, todo lo que habían anunciado los profetas se concreta y llega a su cumplimiento en Jesús. No es indiferente creer o no en Jesús, porque es el mismo “Espíritu del Señor esta sobre mi” quien lo ha ungido y enviado. El mensaje que quiere transmitir Dios a la humanidad mediante su Palabra es una buena noticia para los desvalidos, un anuncio de libertad para los cautivos y los oprimidos, una promesa de salvación. Un mensaje que llena de esperanza a toda la humanidad. Nosotros, hijos de Dios en Cristo por el sacramento del bautismo, también hemos recibido esta unción y participamos en su misión: llevar este mensaje de esperanza por toda la humanidad.

Así, de igual manera el camino de la Iglesia es profético: La Iglesia concreta tiene su Pentecostés, bautismo del Espíritu, en el que recibe el poder del Espíritu y queda convertida en pueblo profético y se renueva por la oración en los momentos difíciles. La donación del Espíritu supone la conversión, el bautismo y el perdón de los pecados. El profetismo de la Iglesia consiste en dar y servir la palabra, bajo el impulso del Espíritu, proclamando las grandezas de Dios y en concreto la muerte y resurrección de Jesús, que envía su Espíritu y realizando los signos que muestran la presencia del Reino por Jesús. Por medio de la palabra Dios crea profetas y actúa en la historia, también por medio de ella crece el discípulo de Jesús y se edifica la Iglesia, con la condición de que sea palabra de Jesús transmitida fielmente por los Apóstoles.

Meditando el Evangelio que da solidez a nuestra fe, vemos que Jesús predicaba de manera distinta a los otros maestros: predicaba como quien tiene autoridad (Cf. Lc 4,32). Esto es así porque principalmente predicaba con obras, con el ejemplo, dando testimonio, incluso entregando su propia vida. Igual hemos de hacer nosotros, no nos podemos quedar sólo en las palabras: hemos de concretar nuestro amor a Dios y a los hermanos con obras. Nos pueden ayudar las Obras de Misericordia las siete espirituales y siete corporales, que nos propone la Iglesia, que como una madre orienta nuestro camino y saber que la vida de la Iglesia es un camino de decisiones pero siempre está marcada por la presencia maravillosa y milagrosa del resucitado.

Por Jorge Andrés Moreno, Seminarista de la Diócesis de Kansas Ct. Saint Joseph.

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Wednesday
December 07, 2016
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