Jóvenes: La cuaresma es un buen tiempo para encontrar a Dios

Por Edith Montes

Cuenta una historia que un día fue un discípulo en busca de su maestro y él dijo: “Maestro, yo quiero encontrar a Dios.” El maestro miró al muchacho, sonriéndole. El muchacho volvía cada día, repitiendo que quería una vida de fe más fervorosa y dedicarse a servir a Dios en la Iglesia. Pero el maestro sabía muy bien a qué atenerse. Un día que hacía mucho calor, le dijo al muchacho que lo acompañara hasta el río para bañarse. El muchacho se zambulló en el agua. El maestro lo siguió y, agarrándolo por la cabeza, se la metió en el agua un buen rato, hasta que el muchacho comenzó a forcejear para sacarla a flote. El maestro lo soltó y le preguntó qué era lo que más deseabas cuando te encontrabas sin respiración dentro del agua. – Aire – respondió el discípulo. – ¿Deseas a Dios de la misma manera? – le preguntó el maestro -. Si lo deseas así, lo encontrarás inmediatamente. Pero si no tienes ese deseo, esa sed, por más que luches con tu inteligencia, con tus labios y tu fuerza, no podrás encontrar a Dios, ni fervor de fe, ni servirás como le agrada a Dios en tu Iglesia. Mientras no se despierte esa sed en ti, no serás sincero ni con tu fe ni con la caridad al prójimo, y no darás fruto.

En la actualidad muchos jóvenes se preguntan cómo acercarse a Dios, cómo comenzar a tener un encuentro auténtico con Cristo en tiempos como los de hoy en los que nos enfrentamos a múltiples corrientes que niegan su existencia o nos invitan a vivir con tibieza la fe. Una de las respuestas que nos da nuestra madre Iglesia la encontramos en las palabras que para este tiempo de cuaresma, su Santidad Benedicto XVI nos invita a reflexionar. Con este propósito, nos propone comenzar por meditar sobre la relación entre fe y caridad a través del texto del Evangelio de Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16); Así mismo nos enseña que el inicio de una vida cristiana no surge por una decisión ética o intelectual sino por la vivencia de Cristo, de ese encuentro verdadero con Dios que siempre viene a nosotros. Desde ese instante comienza abrirse un nuevo horizonte en la vida del creyente que lo impulsa a vivir decididamente su vocación cristiana. En otras palabras «el amor ya no es solo un mandamiento sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro (Deus caritas est, 1)». Nos recuerda también que «la fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); que la caridad es «caminar» en la verdad (Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (Mt 25,14-30).”

A partir de estas reflexiones, el tiempo de cuaresma en el marco del ano de la fe, se nos presenta como un tiempo para preguntarnos si la opción de vida por Cristo que implica desierto y cruz pero también que es la esperanza de la resurrección, es un verdadero deseo en nuestro corazón; y si tenemos esa sed por vivenciar nuestra fe y servir a los demás con caridad. En este sentido, desear con el corazón no es únicamente un acto emocional sino que requiere de nuestro entendimiento, necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios y de oración permanente para suplicar los dones del Espíritu Santo y así, de verdadera caridad cristiana nazca en nuestros corazones la intención de servicio en la Iglesia y a los más necesitados. Este tiempo de desierto es la oportunidad para comenzar una vida nueva en Cristo, de reafirmar nuestra fe y de vencer las tentaciones ayudados de su Gracia, especialmente de la falta de fe y caridad. Como aquel muchacho de la historia deseas encontrar a Dios de verdad en tu corazón y en tu vida? Déjate encontrar por Jesús, permítele que te ame y a lucha porque ese amor se siembre en tu corazón para que de frutos. Joven, déjate amar y así lo encontraras…

 

Por Edith Montes, Coordinadora de Jóvenes del Ministerio Hispano de la Diócesis de Kansas City-St. Joseph

 

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Tuesday
December 06, 2016
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