¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?

Mons. Eduardo Chávez, con gran emoción explica a la audiencia sobre la Tilma de la Virgen de Guadalupe. (Fotografía por: Octavio Miranda)

Mons. Eduardo Chávez, con gran emoción explica a la audiencia sobre la Tilma de la Virgen de Guadalupe. (Fotografía por: Octavio Miranda)

Por Norma Molina

El sábado, 2 de Abril, 2016 tuvimos un evento maravilloso en la Diócesis de Kansas City-St. Joseph donde asistieron alrededor de 550 personas, incluyendo jóvenes y niños. Monseñor Eduardo Chávez Sánchez, Canónigo de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe en Ciudad México y Postulador de la Causa de Canonización de San Juan Diego nos trajo un mensaje evangélico, aquel mensaje que viene desde el cerro del Tepeyac.

Este mensaje histórico y actual del evangelio, que llamamos “el Acontecimiento Guadalupano”, es decir, aquel acontecimiento en la historia de la humanidad y de la Iglesia, que trajo una fuente interminable de vida y salvación a América hace casi 500 años y que ha sido fuente de evangelización para muchas culturas y pueblos en los últimos casi 500 años.

El Acontecimiento Guadalupano nos describe como Dios no se ha olvidado de la humanidad, y cómo sigue actuando por medio de su Santísima Madre para llevar a los hombres a la salvación.

Estudiar el Acontecimiento Guadalupano, es decir, la aparición de la Virgen de Guadalupe lleva, según nos dijo Monseñor Chávez, más o menos 500 horas de estudio. También nos dijo en su primera enseñanza, que El Acontecimiento Guadalupano, se puede ver desde diferentes puntos de vista, que incluye diferentes ciencias: la matemática, la oftalmología médica, ciencias de computación, etc. Pero a nosotros los católicos y que orgullosamente nos llamamos “Guadalupanos”, nos debe sobre todo interesar adentrarnos en el misterio de Dios por medio de Santa María de Guadalupe desde un punto de vista histórico, que incluye la filosofía y teología, y es además un gran acontecimiento de evangelización.

Este mensaje y milagro, que viene por medio de la Virgen de Guadalupe, es un don, un regalo que Dios ha dado, no sólo a México, sino al mundo entero. La Virgen de Guadalupe es venerada en muchísimos países del mundo, y con gran devoción y cariño. En 1910, Su Santidad, el Papa San Pío X, declaró a la Virgen de Guadalupe como la Patrona de Latinoamérica. En 1945, Su Santidad, el Papa Pío XII, declaró que la Virgen de Guadalupe era la ¨Reina de México y la Emperatriz de América¨ y que Ella había sido pintada por ¨pinceles fuera de este mundo¨. También la declaró como Patrona de las Américas en 1946.

En 1961, el Papa Juan XXIII también la declaró como la Madre de las Américas y se dirigió hacia Ella como la Madre y Maestra de la Fe a los pueblos del Continente Americano. En 1979, el Papa Juan Pablo II la llamó ¨La Estrella de la Evangelización¨.

La imagen de la Virgen de Guadalupe es un “códice”. Es decir, la imagen, es un manuscrito, un libro que narra toda una historia, la historia de amor entre Dios y su pueblo.

Nos dice Mons. Chávez en su página web del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, “Para un debido acercamiento y una auténtica interpretación de los que nos ofrece esta imagen se deben eliminar toda imaginación fantasiosa y toda interpretación sin fundamento, pues, es necesario tener en cuenta la convergencia y coherencia de diversos aspectos entre los que destacan la mentalidad indígena, especialmente de los grandes sabios “tlamatinime” y la manera de plasmar sus conceptos de los códices, así como los aspectos de diversas ciencias y, sobre todo, tener muy en cuenta la teología que nos da la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia”. Continúa, “La imagen de Santa María de Guadalupe manifiesta la inculturación perfecta del Evangelio. Esta portentosa Imagen está plasmada en la humilde “tilma” de san Juan Diego hecha de fibras de vegetales de izótl, que es una palma agavácea. Santa María de Guadalupe toma lo bueno y verdadero, las “semillas del Verbo”, y las lleva a la plenitud en Jesucristo Nuestro Señor; esto es una verdadera “inculturación del Evangelio”, es decir, Ella sabe distinguir estas semillas en el corazón de todo ser humano, dentro de toda cultura, más allá de tradiciones y costumbres, y es ahí en donde pone a su amado hijo Jesucristo, Salvador y Redentor. En esta Imagen se ofrece un verdadero mensaje del amor de Dios tanto para los indígenas como para cualquier cultura: cuya fuente iconográfica y teológica es lo que nos proclama el libro del Apocalipsis, en el capítulo 12, 1-2, “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, (…) está en cinta”.”

Nos dijo Monseñor Chávez en su primera enseñanza, “La Virgen está en cinta, es una mujer embarazada, porque tiene una cinta oscura arriba de su vientre y eso significa que el centro de la Imagen de Guadalupe, no es ella, sino Él. El centro de la Imagen, es Jesucristo. Esto significa que es el encuentro de Dios a través de María de Guadalupe. Ella trae a su Hijo Jesús con ella; no viene sola. Y viene en “Adviento”, una mujer de espera, que está por dar a luz a su Hijo. Ella es el Arca viviente de Jesucristo, de la Alianza, no es ella la alianza.

Dios es todopoderoso y todo lo puede hacer, pero Él que no necesita de nada y de nadie, ha querido necesitarnos. Es más, somos nosotros quienes necesitamos a Dios. Aún más, ÉL ha querido venir a nosotros a través de su Madre Santísima. Dios quiso necesitar a una doncella de Nazaret para estar en medio de nosotros. Dios ha querido que también nosotros seamos parte de esta historia; él ha querido necesitarnos”.

Jesús al pie de la cruz, nos regaló a su Madre. ¿Se imaginan lo que sería negar el amor de su Madre? Él que ha querido regalárnosla. Dios ha tenido a bien querer darnos aquella mujer maravillosa, bella y valiente, que ante el anuncio del ángel dijo: “hágase en mí según tu palabra”. Aquella que estuvo dispuesta abrazar las peores consecuencias, y a entregar la vida, por el nombre de Dios y para que las promesas de Dios se hicieran realidad. Ella dio la vida por nosotros, para darnos la vida, Dios mismo. María es aquella que nos lleva directo a Jesús. María tiene el honor, la dicha, la alegría, la fiesta de ser nuestra Madre. Ella misma le dice a Juan Dieguito, y en él a todos nosotros: “No tengas miedo. ¿Acaso no estoy yo aquí que tengo el honor y la dicha de ser tu Madre? ¿Acaso no soy yo tu protección y tu resguardo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás acaso en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿De qué otra cosa tienes necesidad?”

La Virgen María de Guadalupe le dijo a san Juan Diego, “quiero una casita sagrada, para manifestarlo, para exaltarlo, para ofrecerlo a ÉL, mi amor Persona”, es decir, para ofrecer a Jesucristo.

La Virgen de Guadalupe es un encuentro de Dios con el hombre. Dios viene con Santa María de Guadalupe. O sea, es un “llévame contigo”. Es un encuentro de Dios con el hombre. El Tepeyac es Tierra Santa. ¿Por qué?, porque Dios mismo viene con ella. ¿Y quién lo proclamó? El Obispo Zumárraga. Gracias al Obispo, tenemos la Imagen de la Virgen de Guadalupe.” Entonces, queridos hermanos, no dudemos de este hermoso tesoro, que Dios ha querido regalar a la humanidad por medio de su Iglesia. Este milagro precisamente sucede en el solsticio de invierno, que es cuando el sol comienza a vencer las tinieblas. Dios quiere vencer las tinieblas del pecado y de la muerte en cada uno de nosotros, y para eso se hace presente en la plenitud de los tiempos y cada vez que Él ve nuestra pobre alma en peligro y necesitada de ÉL. Abracemos de corazón el amor de Dios y a Dios mismo que viene con Santa María de Guadalupe para que todo el que crea tenga vida y vida en abundancia. ¡Qué así sea!
Escrito por: Norma T. Molina, Directora Asistente de la Catequesis Hispana del Instituto Obispo Helmsing.

Tags: 

Monday
September 26, 2016
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph