¿Peregrinación? ¿Retiro espiritual? Así concluimos el Año Jubilar de la Misericordia

Por Norma T. Molina

Del 17 al 20 de noviembre viajamos 27 personas a la diócesis de Peoria, Illinois para hacer una pequeña peregrinación y un retiro espiritual al culminar el Año extraordinario de la Misericordia.

Esta fue una iniciativa de mi persona para ofrecerles a los alumnos del Instituto Obispo Helmsing y feligreses de nuestra comunidad Hispana una oportunidad de experimentar una pequeña peregrinación y retiro espiritual lejos de la ciudad, es decir, lejos del ajetreo y el bullicio de la ciudad, como diríamos en inglés, para alejarnos un poco del “hustle and bustle” de la ciudad.

A veces algunas personas preguntan, ¿por qué no hacer el retiro en una parroquia local o simplemente hacer una peregrinación en tu diócesis local a las Iglesias que tienen la Puerta Santa? Esta pregunta es muy válida y acertada. Sin embargo, a veces sentimos el llamado de Dios para retirarnos por un tiempo, igual que lo hacía Jesús cuando se iba a un lugar retirado para orar a su Padre. La palabra misma lo dice: retirarse, es decir, salir a un lugar apartado, lejos del bullicio de la gente, para recogernos y hacer ejercicios piadosos lejos de las ocupaciones diarias u ordinarias. El salir a un lugar alejado nos da la oportunidad de desconectarnos de las preocupaciones diarias y adentrarnos en el Corazón de nuestro Señor.

Dentro de ese contexto, aprovechamos para hacer una pequeña peregrinación que incluía la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción de Peoria, el museo del Venerable Fulton Sheen, una visita al centro de evangelización de los jóvenes “Newman Center” de la Universidad Illinois State, que tiene una hermosa capilla dedicada a San Juan Pablo II, y también tuvimos la oportunidad de visitar la Iglesia del Sagrado Corazón en el Centro del corazón de Peoria. Tanto en la Catedral, como en la Capilla de San Juan Pablo II y la Iglesia del Sagrado Corazón pudimos pasar por la Puerta Santa y tuvimos la oportunidad de ganar una indulgencia, según las normas prescritas por la Iglesia.
Finalmente nos dirigimos a nuestro retiro en la Casa Nazaret, un centro de retiro que tiene la Diócesis de Peoria en medio del campo en un lugar que se llama Magnolia.

¿Por qué Peoria? Porque allí están las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, mi familia espiritual que tienen como parte de su misión manifestar el reino de amor de los Corazones traspasados de Jesús y María como la fuerza motora para la construcción de una nueva civilización.

El carisma apostólico de las hermanas es “ser testigos ardientes del poder y la fecundidad del Amor y del Esplendor del Magisterio y Tesoros de la Iglesia, para formar el corazón humano y construir así una nueva civilización de amor y vida en el corazón de la Iglesia y en el corazón del mundo”.

En este retiro espiritual que nos impartieron las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María nos llevaron a adentrarnos más profundamente en el amor de los Corazones de Jesús y María y consecuentemente en el corazón de la Iglesia.

La Hna. Isabel nos decía que “el Señor quiere no solo que sepamos que Él es amor, sino que experimentemos su amor de una manera íntima y personal. Nos hablaba de la aparición del Sagrado Corazón a Santa Margarita María, a quien Jesús se le presentó con su Corazón traspasado, como un horno ardiente. Su Corazón arde y quema para iluminar nuestra oscuridad. El Señor le mostró a Sta. Margarita María que su Corazón estaba apasionado de amor por los hombres”. También nos comunicaba la Hna. Isabel, como dicen las Escrituras, que el Reino de Jesús está en el corazón humano y que Él quiere perfeccionar el amor en nosotros. El amor de Dios es un amor universal, compasivo y misericordioso, sana nuestros temores y está destinado a salvar el mundo”. También nos decía que estamos llamados a vivir el amor de Dios hasta el olvido de sí, y a poner en práctica las palabras de San Maximiliano Kolbe, “no se olviden de amar”. Nos recordaba lo que el Ángel de Fátima les preguntó a los pastorcitos, ¿Queréis ofreceros por amor?, y Dios pidió de cada uno de estos tres pastorcitos grandes sacrificios, oración, ayuno y penitencia para ofrecerlos por la salvación de las almas.

Las hermanas Ana Pía y Silvia nos hablaron no solo de la gran importancia para nuestra época de las apariciones de la Virgen María en Fátima, lo que esto significó para el mundo y la Iglesia en el siglo XX, incluyendo para San Juan Pablo II, pero también nos hicieron ver la gran importancia del mensaje de la Divina Misericordia. Dios ha querido intervenir en nuestro mundo para salvarnos y nos ha dado luces en el siglo XX para iluminar la oscuridad de este mundo.

Las hermanas nos recordaban que todo don viene con una responsabilidad, y la misericordia de Dios es un don y también una responsabilidad, que Dios ha puesto en nuestras manos.

Debemos reconocer la importancia de María Santísima a través de la historia de la humanidad, al igual que a través de la historia de la salvación, que encontramos en las Sagradas Escrituras. La Virgen María respondió perfectamente al designio de Dios, aceptando el plan de salvación para la humanidad. Ella dio su Fiat, su sí a Dios, “hágase en mí según tu Palabra”. Esta fue la respuesta de María Santísima al Arcángel San Gabriel en el pasaje de la Anunciación y así sucesivamente a través de la historia de la humanidad, Dios ha querido servirse de su Santísima Madre para atraernos hacia sí y para que encontremos el camino más seguro, corto y directo para llegar a su Corazón.

Por eso la consagración a los Corazones de Jesús y María son importantísimas para el corazón del ser humano. Al concluir nuestro retiro las hermanas, nos llevaron a consagrarnos a estos Dos Corazones que tanto han amado a la humanidad.

El Papa San Juan Pablo II nos dijo, “Es muy apropiado en estos tiempos, buscar una mayor profundización y conciencia de la íntima relación que existe entre los Dos Corazones y el valor que tiene para nuestros días, una auténtica devoción y consagración a los Corazones de Jesús y María.”

Damos gracias a las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María y en especial a Madre Adela Galindo, su fundadora, por toda la riqueza que nos transmiten con este carisma tan especial en estos momentos tan cruciales de la historia humana.

¡Reinen los Corazones de Jesús y María en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestros países y en el mundo entero!

Este artículo fue escrito por: Norma T. Molina, Directora Asistente de la Catequesis Hispana para el Instituto Obispo Helmsing.

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Sunday
December 11, 2016
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph