Es tiempo de primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar

Escrito por Norma T. Molina

Ya el mes pasado exponía un poquito sobre la Alegría del Evangelio, título que lleva la exhortación apostólica que el Papa Francisco nos daba hace 4 años.

Quisiera abordar un poquito en el numeral 24 de esta exhortación apostólica. En esta sección, el Papa Francisco nos presenta cinco conceptos: primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar. Veamos brevemente lo que el Papa Francisco quiere decirnos con estos términos.

“La Iglesia en salida (como la llamada el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium) es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. “Primerear”: (sepan disculpar este neologismo, nos decía el Papa). La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, que la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4:10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (EG 24).

Recordemos las palabras del evangelista san Juan, “Dios nos amó primero”; Dios tomó la iniciativa. Dios siempre toma la iniciativa. ÉL es el motor primero, el ser necesario de quien todo lo demás depende. Así como Dios es el primero, el que toma la iniciativa con nosotros, nosotros habiendo recibido el amor de Dios, también hemos de imitarle, tomando la iniciativa de llevar su amor a los demás, es decir, a nuestro prójimo. Por eso el Papa nos dice: ¡Atrevámonos un poco más a primerear!

Segundo, si tomamos la iniciativa en salir al encuentro y buscar a los lejanos, nos pondremos en una posición de involucrarnos. “Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Y luego dice a los discípulos: “Seréis felices si hacéis esto” (Jn 13:17)” (EG 24). Esto es una característica importante del ser cristiano. El Papa nos dice que, “los evangelizadores tienen así “olor a oveja” y éstas escuchan su voz.

Tercero, “la comunidad evangelizadora se dispone a “acompañar”. Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites” (EG 24). Jesús envía a los apóstoles de dos en dos a predicar el evangelio y les da poder sobre los espíritus inmundos. Les manda acompañados, no solos. El primerear e involucrarse, necesariamente nos va a llevar al acompañamiento. Acompañar a los hermanos en sus necesidades humanas y espirituales, es importante para el cristiano; es parte de lo que en la Iglesia llamamos las obras de misericordia corporales y espirituales. Nos dice el apóstol Santiago en su carta, “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen de sustento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y saciaos”, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta” (Sant 2:15-17). Cada quien debe discernir como va a acompañar a los demás. Esa hermandad y apoyo, especialmente en la vida espiritual es importante, para que nos ayudemos los unos a los otros a perseverar en el camino de la fe, a crecer en ella, y en el amor a Dios y al prójimo.

El cuarto punto es “fructificar”. “Fiel al don del Señor, la comunidad evangelizadora también sabe fructificar. La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados” (EG 24). Creo que el Papa está haciendo alusión a la parábola de la cizaña. Lo importante es dar frutos y frutos de vida eterna. Solo basta ver la vida de los santos y mártires, para encontrar ejemplos concretos de como adquirir las virtudes cristianas que nos llevan a dar los frutos que Dios quiere de nosotros y como Iglesia.

“Por último, la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe “festejar”. Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo” (EG 24). Recordemos los pasajes del evangelio, tanto de la oveja perdida, como del hijo pródigo. En los dos hay gozo, hay alegría y el padre del hijo que regresa arrepentido a su casa, hace una gran fiesta porque su hijo estaba muerto, y ha vuelto a la vida. Así, la Iglesia festeja por la conversión de los hombres y por el crecimiento espiritual de su pueblo.

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Wednesday
January 17, 2018
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph