¿Por qué veneramos reliquias?

Por Norma T. Molina

Desde los primeros tiempos, los cristianos han honrado reliquias – los restos físicos y los efectos personales – de los primeros cristianos que fueron martirizados o vivieron vidas santas. En muchos lugares, sus tumbas se convirtieron en sitios de peregrinación donde los fieles visitaban para inspirarse en su ejemplo, y, para pedir su ayuda en las luchas de la vida y para lograr la santidad cristiana. Con el tiempo, santuarios dedicados a estas personas santas fueron construidos para crear un lugar apropiado que los peregrinos pudieran visitar para honrar o venerar a estos santos, asistir a la santa misa y recibir los sacramentos.

Monseñor Cruze, Vicario General de la Diócesis de Peoria, comentó en un artículo sobre las reliquias: “Varias prácticas piadosas se han desarrollado para mostrar la veneración apropiada a una reliquia y al santo. Las reliquias se colocan en vasijas sagradas y artísticas llamadas relicarios. Los fieles a menudo peregrinan al santuario de una reliquia. O, la reliquia viaja a diferentes lugares para permitir la veneración. Los fieles pasan un tiempo de oración en presencia de la reliquia. Pueden meditar sobre la vida del santo, pedir su intercesión, o dar gracias por los favores recibidos. Tradicionalmente, los peregrinos veneran las reliquias al tocar o besar el relicario en el que se conserva el fragmento de los restos físicos u objetos personales de la persona santa. La veneración es una expresión de reverencia por la santidad del santo, y los peregrinos piden a menudo que el santo interceda en su nombre ante Dios para que puedan recibir asistencia espiritual, curación física u otra gracia particular”.

Las reliquias son una manera de conectarnos con nuestros hermanos y hermanas – mártires y santos que ya disfrutan de la gloria de Dios. Debido a que la reliquia está conectada con los santos que están eternamente unidos a Cristo en el cielo, son como un conducto al cielo, con un poder divino que fluye de la santidad de vida que ellos vivieron.

También expresa Monseñor Cruze que, “A lo largo de la historia, las reliquias han sido una fuente de curación milagrosa, inspiración de fe y progreso del Reino de los cielos. Estos milagros han sido documentados, incluso los vemos en las Sagradas Escrituras. Moisés se llevó los huesos de José de Egipto (Éxodo 13:19). Unos hombres colocaron a un hombre muerto en la tumba de Eliseo y el muerto revivió (2 Reyes 13:21). “Dios hacía por medio de Pablo milagros no comunes, hasta el punto que bastaba aplicar a los enfermos pañuelos o ropas que habían tocado su cuerpo para que se alejasen de ellos las enfermedades y saliesen los espíritus malos” (Hechos 19:11-12). San Ambrosio y San Agustín escribieron de cómo ellos habían personalmente presenciado milagros después que la reliquia de un mártir tocó a un enfermo. Incluso hoy en día, por ejemplo, se han reportado muchos milagros en relación con las reliquias de San Padre Pío. Por supuesto, no todas las veneraciones de una reliquia dan lugar a sanaciones milagrosas, pero siempre conecta a la persona con el santo, y por lo tanto con Dios”.

Estas reliquias podrían ser un hueso del santo, un vial de sangre, un artículo usado por el santo, tal como un libro de oraciones, o un paño que ha tocado al cuerpo del santo. A través del tiempo la Iglesia clasificó las reliquias de esta manera: reliquia de primera clase – una parte del cuerpo del santo; de segunda clase – algo personalmente usado o poseído por el santo, como un libro de oraciones, biblia, rosarios, medallas, ropa, hábito religioso, etc.; y de tercera clase – un artículo religioso que ha tocado una reliquia de primera o segunda clase.

“El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias …” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1674).

La reliquia de primera clase de San Juan Pablo II, que contiene un pequeño vial de unas gotas de sangre del difunto pontífice, está encapsulada en un relicario de forma única que tiene la forma de un evangeliario blanco y dorado. Durante este año, la peregrinación de esta reliquia a través del continente americano, está a cargo de la Madre Adela Galindo, Fundadora y Superiora General del Instituto Religioso, Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, cuya sede principal está ubicada en la Arquidiócesis de Miami. La reliquia de primer grado, que peregrina de manera regular por el mundo, es propiedad de la Oficina de Postulación de la causa de Canonización de San Juan Pablo II, a cargo de Mons. Slawomir Oder.

Sólo hay cuatro relicarios similares de esta reliquia de primera clase de la sangre de San Juan Pablo II. El secretario personal del Papa San Juan Pablo II, el Cardenal Stanislaw Dziwisz, preservó los viales de la sangre extraída de San Juan Pablo II mientras que el venerado Papa estaba hospitalizado por última vez, antes de su muerte el 2 de abril de 2005. Tres de ellos están permanentemente alojados en iglesias en Roma, Cracovia y Madrid. El cuarto relicario es el que viaja por el mundo y visitará nuestra diócesis. “El verdadero milagro de la reliquia es que la sangre todavía está líquida. No se han agregado agentes a la sangre para hacerla coagular o para mantenerla líquida”.

El obispo Johnston anima a los fieles de nuestra diócesis a tomar un momento durante la semana del 16 al 18 de octubre de 2017 para ir a una de las parroquias donde la reliquia será expuesta para nuestra veneración y para pedir a san Juan Pablo II que interceda por nuestras necesidades, espirituales, física o cualquier otra gracia.

En el volante que está en esta misma página pueden ver el horario. La visita de la reliquia a las escuelas secundarias de la diócesis no está abierta al público en general, solamente la visita a las parroquias. Siéntanse libre de visitar cualquier parroquia en el horario mencionado.

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Monday
November 20, 2017
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph