Concluye el centenario de las apariciones de Fátima… ¿Y ahora qué?

Por Norma T. Molina

Este 13 de octubre, 2017 concluye el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima. Hemos tenido 5 meses, desde el 13 de mayo, para meditar y reflexionar en los mensajes de nuestra Señora, y yo me pregunto: ¿Cómo impactó o cambió mi vida esta reflexión? O, ¿se quedó en nada y en el vacío? Una constante petición de la santísima Virgen María en las 6 apariciones que ocurrieron entre mayo y octubre fue la del rezo del santo rosario. ¿He obedecido esta petición de María santísima rezando el santo rosario diario? Y, ¿lo he hecho con devoción y con amor profundo a nuestro Señor, a nuestra Madre, y en intercesión por mi prójimo? La santísima Virgen María nos pidió que ofreciéramos el santo rosario especialmente por la paz del mundo, por el fin de la guerra, para que triunfe su Inmaculado Corazón y por la conversión de los pecadores, de todos aquellos que no conocen el amor de Dios. Si no nos hemos tomado esta petición en serio, ya es hora que lo hagamos. Han pasado 100 años desde que nuestra Madre nos hizo este pedido.

¿Y cuáles fueron los acontecimientos de la última aparición a los pastorcitos el 13 de octubre de 1917? Nuestra Señora le pidió a Lucía que le hicieran una capilla en su honor. También le reveló su nombre como “la Virgen del Rosario”. María le dijo que la guerra iba a terminar y que los militares volverían pronto a sus casas. Lucía le pidió la curación de muchos enfermos y la conversión de algunos pecadores. Nuestra Señora le respondió que iba a conceder algunas peticiones, pero otras no. [Y añadió, “Es preciso que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados”. Y tomando un aspecto más triste dijo: “No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”. Enseguida, abriendo las manos, Nuestra Señora las hizo reflejar en el sol, y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol. En ese momento, Lucía exclamó: ¡Miren el sol!

Desaparecida Nuestra Señora en la inmensidad del firmamento, se desarrollaron ante los ojos de los videntes tres cuadros sucesivamente, simbolizando primero los misterios gozosos del rosario, después los dolorosos y finalmente los gloriosos (sólo Lucía vio los tres cuadros; Francisco y Jacinta vieron sólo el primero).

Aparecieron, al lado del sol, San José con el Niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Era la Sagrada Familia. La Virgen estaba vestida de blanco, con un manto azul. San José también estaba vestido de blanco y el Niño Jesús de rojo claro. San José bendijo a la multitud, haciendo tres veces la señal de la Cruz. El Niño Jesús hizo lo mismo. Siguió la visión de Nuestra Señora de los Dolores y de Nuestro Señor agobiado de dolor en el camino del Calvario. Nuestro Señor hizo la señal de la Cruz para bendecir al pueblo. Nuestra Señora no tenía espada en el pecho. Lucía veía solamente la parte superior del cuerpo de Nuestro Señor. Finalmente apareció, en una visión gloriosa, Nuestra Señora del Carmen, coronada Reina del cielo y de la tierra, con el Niño Jesús en los brazos.

Mientras estas escenas se desarrollaban ante los ojos de los videntes, la gran multitud de 50 a 70 mil espectadores contemplaban el milagro del sol. Había llovido durante toda la noche y durante la aparición. Al terminar el coloquio de Lucía con Nuestra Señora, en el momento en que la Santísima Virgen se elevaba y Lucía gritaba “¡Miren el sol!”, las nubes se entreabrieron, dejando ver el sol como un inmenso disco de plata. Brillaba con una intensidad jamás vista, pero no cegaba. Esto duró apenas un instante. La inmensa bola de fuego comenzó a “bailar”. Cual gigantesca rueda de fuego, el sol giraba rápidamente. Paró por cierto tiempo, para enseguida volver a girar vertiginosamente sobre sí mismo. Animado tres veces por un movimiento loco, el globo de fuego pareció temblar, sacudirse y precipitarse en zig-zag sobre la multitud aterrorizada. Duró todo esto unos diez minutos. Finalmente, el sol volvió en zig-zag hasta el punto desde donde se había precipitado, quedando de nuevo tranquilo y brillante, con el mismo fulgor de todos los días. El ciclo de las apariciones había terminado. Muchas personas notaron que sus ropas, empapadas por la lluvia, se habían secado súbitamente. El milagro del sol fue observado también por numerosos testigos situados fuera del lugar de las apariciones, hasta una distancia de 40 kilómetros].  (Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?). Las apariciones en Fátima concluyeron hace 100 años. ¿Y ahora qué? – Los mensajes y las peticiones de nuestra Madre del cielo siguen vigentes hoy en día y con igual importancia y urgencia. Sigamos orando y respondiendo a las llamadas de nuestra Madre y seremos testigos de grandes milagros en nuestros tiempos y para la humanidad.

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  • Andres Restrepo

    por la favor orar por mi conversion y liberacion de una atadura que tengo y mi salud integral

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November 19, 2017
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