¡Convertíos y creed en el evangelio!

Tentaciones de Cristo- Fra Angelico, 1450-52

Escrito por Norma T. Molina

En el primer domingo de Cuaresma, la liturgia nos presentaba este evangelio: “Enseguida el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. Y estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás. Estaba con los animales, y los ángeles le servían. Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio”” (Mc 1, 12-15).

Nos dice el comentario de la Biblia de Navarra que la “tentación” en la Sagrada Escritura, tiene el sentido de “prueba”, más que el de “sugestión” o “incitación”. Con las tentaciones se nos enseña también la verdadera Humanidad de Jesucristo: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado” (Hb 4, 15). Por eso la conducta de Cristo es modelo para la nuestra: “Jesús, después de ser bautizado, ayunó en solitario durante cuarenta días. Así nos enseñó con su ejemplo que, una vez recibido el perdón de los pecados mediante el bautismo, con vigilia, ayunos y oraciones, debemos prepararnos para evitar que, mientras somos torpes o menos prontos, vuelva el espíritu inmundo que había sido expulsado de nuestro corazón” (S. Beda, Homiliae 11). Expresa el Papa emérito Benedicto XVI, “Yendo al desierto, Jesús entra en la historia de salvación de su pueblo, el pueblo elegido. Esta historia empieza después de la salida de Egipto por una migración de cuarenta años por el desierto (Éxodo 12, 37). En el centro de este tiempo de cuarenta años están los encuentros “cara a cara” con Dios: los cuarenta días de Moisés en la montaña, en ayuno absoluto, lejos de su pueblo, en la soledad de la nube, en la cima de la montaña. Del núcleo de estos días surge la fuente de la revelación. Volvemos a encontrar el espacio de cuarenta días en la vida de Elías: perseguido por el rey Acab, el profeta camina cuarenta días por el desierto, volviendo así al origen de la alianza, a la voz de Dios, para un nuevo comienzo de la historia de salvación. Jesús entra en esta historia. Revive las tentaciones de su pueblo, las tentaciones de Moisés. Como Moisés, ofrece su vida por el pueblo: con tal de que el pueblo se salve, está dispuesto a dar su vida. Así, Jesús será el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Será el auténtico Moisés que está en el seno del Padre, cara a cara con él para revelar al Padre. En los desiertos del mundo, él es la fuente de agua viva, palabra de vida, camino, verdad y vida. Desde la cruz nos entrega la alianza nueva. Auténtico Moisés, él entra por la resurrección en la tierra prometida que Moisés no alcanzó, y por la cruz, Jesús nos abre las puertas del reino”.

Nuestro amado Papa San Juan Pablo II nos recordaba: “Este tiempo fuerte del año litúrgico está marcado por el mensaje bíblico que se puede resumir en una sola palabra: “convertíos”. Este imperativo es evocado en la mente de los fieles por el rito austero de la imposición de las sagradas cenizas, rito que, con las palabras: “Convertíos y creed en el evangelio”, y con la expresión: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”, invita a todos a reflexionar sobre el deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte. Busquemos la conversión, que no es más que un retornar a Dios, valorando las realidades terrenas a la luz indefectible de su verdad. Es una valoración que nos lleva a una conciencia cada vez más clara del hecho de que estamos de paso en las fatigosas vicisitudes de esta tierra, y que nos impulsa y estimula a realizar cualquier esfuerzo para que el reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia”.

Entremos en el desierto con Jesús, volvamos a Dios de todo corazón y dejemos que el evangelio transforme nuestra vida.

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Sunday
October 21, 2018
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph