Jesús, mi Buen Pastor

Por Norma T. Molina

“Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas…yo doy mi vida por las ovejas” (Jn 10, 11.14). “El Evangelio de este pasado domingo IV de Pascua está tomado del capítulo X de San Juan en el cual Jesús desarrolla el discurso del Buen Pastor, llamado así porque en dos instancias él afirma: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11.14). Esta es obviamente una metáfora. Pero mediante ella, Jesús pone en evidencia varios aspectos de su relación con nosotros. En primer lugar, Jesús habla del “redil de las ovejas” para indicar que sus seguidores deben constituir una comunidad. Así lo subraya el Concilio Vaticano II: “Dios quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y sin conexión entre sí, sino haciendo de ellos un pueblo” (LG 9). Pero, al mismo tiempo, se excluye toda masificación, pues Cristo tiene con cada uno una relación personal. Por un lado, “él llama a sus ovejas, a cada una por su nombre”; por otro lado, “las ovejas lo siguen porque conocen su voz”. El cristiano debe evitar todo individualismo y toda masificación. El rebaño de Cristo es la Iglesia. En ella la comunidad y la persona están en perfecto equilibrio” (Homilía de Mons. Bacarreza). “La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo. Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como Él mismo anunció. Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin embargo, es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores, que dio su vida por las ovejas (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 6). Predicaba San Agustín: “Yo, queriendo llegar hasta vosotros, es decir, a vuestro corazón, os predico a Cristo: si predicara otra cosa, querría entrar por otro lado. Cristo es para mí la puerta para entrar en vosotros: por Cristo entro no en vuestras casas, sino en vuestros corazones. Por Cristo entro gozosamente y me escucháis hablar de ÉL ¿Por qué? Porque sois ovejas de Cristo y habéis sido comprados con su sangre” (In Ioannis Evangelium 47,2.3)

A mí me conmueve muchísimo, cuando el Señor nos dice que “Él es nuestro buen pastor, mi buen pastor”, el que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. También tendría que hacer eco del Salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes prados me hace reposar; hacia aguas tranquilas me guía; reconforta mi alma y me conduce por sendas rectas”. ¡Cuánto sosiego, paz, tranquilidad, serenidad da a nuestras almas, estas palabras llenas de cuidado amoroso de parte de nuestro Señor! Saber que no debo temer ningún mal, ni el caminar por valles oscuros o tenebrosos, ya que nuestro Señor nos cuida y ha dado la vida por nosotros, para que nosotros tengamos vida y vida en abundancia (Jn 10,10). San Juan Pablo II exhortaba a los sacerdotes, “La solicitud de todo buen pastor es que los hombres tengan vida, y la tengan en abundancia, para que ninguno se pierda, sino que tengan la vida eterna” (Carta a todos los sacerdotes, n. 7). Pero este llamado es también para todos. Aunque las palabras de Jesús tienen especial significación para quienes ejercen en la Iglesia el oficio de pastores, todos tenemos el llamado a vivir y practicar la virtud de la caridad, la cual se nos concedió en nuestro bautismo, y con ello, la responsabilidad de llevar a todos a Cristo.

Jesús nos dice, “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Es precisamente allí donde se manifiesta el amor de nuestro Buen Pastor, “que habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (Jn 13, 1). “Yo soy el buen Pastor. Con estas palabras, Jesús quiere estimular a los pastores humanos, y por medio de ellos, al resto del Pueblo de Dios, a la caridad, insinuándonos que nadie puede ser buen pastor, si no llega a ser una sola cosa con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero pastor” (Sto. Tomás de Aquino).
Permitamos que Jesús, nuestro Buen Pastor, nos pastoree por medio de nuestra santa madre y maestra, la Iglesia. En ella, sacramento de salvación, encontraremos el camino seguro para tener vida, vida en abundancia y alcanzar la vida eterna donde nuestros corazones encontrarán sosiego, paz, serenidad y descanso. ¡Así sea!

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Monday
May 21, 2018
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph