El llamado a un discipulado misionero

Maria Espino

Por Maria Espino

Para entender el significado de este llamado, es esencial saber su definición. Un Discípulo es aquel que aceptó el mensaje de Jesús para seguirle. Jesús incorporó sus discípulos a su misma vida, les reveló el misterio del Reino y les hizo participantes de su misión, de su alegría y de sus sufrimientos.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos reafirma (CIC 289) “El mandato misionero. “La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser sacramento universal de salvación, por la exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador, se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres”. “Jesús se acercó y les hablo así: me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra, vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”. (Mt. 28, 18-20)

Nuestro llamado al discipulado viene a nosotros en virtud de nuestro bautismo. El que ha sido bautizado se convierte en un Discípulo Misionero, pero en nuestro mundo actual cuando se nos dice o pregunta sobre el discipulado pareciera que nos están hablando en otro idioma. ¿Por qué?, la respuesta es fácil, y depende a quién le preguntes. Si le preguntas a una persona que tiene una formación ministerial, académica, e intelectual, probablemente te pueda dar una catedra sobre el tema. Pero si le preguntas a una persona que reduce su fe a la asistencia de Misa Dominical, quizás entonces la persona pensará que le estás hablando en otro idioma. Intentaré no generalizar o decir que no hay pocas personas que conozcan su fe y la vivan tal cual— por contrario, gracias a esto es que la Iglesia ha existido por más de dos mil años.

El Papa Francisco reitera esta invitación al Discipulado en su Exportación Apostólica, La Alegría del Evangelio al decir: “cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y seria inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea solo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar formación con extensos cursos o complicadas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; “ya no decimos que somos “discípulos” y “misioneros”, sino que somos siempre “discípulos misioneros”. (Evangelli Gaudium #120)

Si ciertamente no es necesario ser teólogos o tener un doctorado en la materia, lo que sí es verdad, es que antes de servir como discípulos misioneros; el individuo debe haber experimentado, una conversión que le haya hecho reconocer el amor de Dios en Cristo Jesús como el Papa Francisco lo explica en su exhortación. Este encuentro tiene que ser genuino, y a la misma vez, despertar en la persona una necesidad de aprender e instruirse más sobre su fe en todos los aspectos. La espiritualidad a partir de la conversión es, en otras palabras—entregarle la vida a Cristo plenamente, la conversión es una gracia de Dios que puede pasar en cualquier momento. La conversión también requiere de una madurez por parte del individuo. Esto ahora mismo es todo un reto para el catolicismo, estamos sumergidos en una cultura donde el individualismo, materialismo, y relativismo pueden controlar nuestra vida cotidiana y llevarnos a una perdida total de nuestra identidad y valores como cristianos católicos. El tener a Jesús como el eje de nuestra vida implica preparar a personas con madurez en Cristo para una relación trinitaria con Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Se necesitan discipulados misioneros con madurez en Cristo. “Hoy en día la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar. Ser discípulos es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar. En la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino”. (Evangelli Gaudium #127) ¿Y tú cómo llevas el Evangelio a los demás?

Maria Espino es la Directora Asociada de Catequesis y Formación en Fe.

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October 19, 2019
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