La fidelidad de un discípulo

Maria Espino

Por Maria Espino

De acuerdo a las estadísticas demográficas que arroja el Documento Final del V Encuentro, la Diócesis de Kansas City-St. Joseph, tiene 103,417 Latinos/Hispanos del cual solamente 5,620 asisten semanalmente a Misa Dominical en español. Es decir, solamente 5.4% de los feligreses católicos asisten a Misa. La estadística es alarmante y debe cuestionarnos sobre la gran necesidad y reto que es -evangelizar-. Si la pregunta es ¿cómo se puede lograr Evangelizar? —primero se tendrá que evaluar dónde actualmente estamos en términos de Evangelización. En los próximos meses todas las parroquias de las Diócesis tendrán la oportunidad de autoevaluar los programas y ministerios que actualmente están ofreciendo con el fin de reflexionar si es que los programas o ministerios que ofrecen en la parroquia están creando oportunidades espirituales para que los feligreses puedan tener oportunidades de experimentar una conversión (un encuentro íntimo con Dios). Una verdadera conversión en cualquier ser humano equivale a un cambio de vida centrado en la persona de Jesucristo. No en una experiencia “bonita” donde solamente hubo un sinfín de emociones, pero no llevo a la persona a un cambio de vida Espiriutal. En otras palabras, a un estado espiritual donde Jesucristo es el centro de su vida y el de su familia. Donde la persona encuentra plenitud al ser parte de una comunidad de fe activa y no pasiva.

En Mateo 28;19 Jesús mismo nos comisiona como bautizados a salir a evangelizar, tal vez no de puerta en puerta dado al contexto tan diverso donde por leyes o idiomas esto no es posible. Pero si con aquellos que son parte de nuestra comunidad de fe, que son amigos cercanos y no cercanos, creyentes o no creyentes, aquellos que se nos acercan para un consejo y nos damos cuenta lo alejados que están de Dios, o compañeros de trabajo, etc. Todas estas oportunidades pueden ser aprovechadas para compartir la Palabra de Dios (Kerygma). “En la Palaba de Dios aparece permanentemente este dinamismo de “salida” que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn. 12;1-3). Moisés escuchó el llamado a Dios: “Ve, yo te envió” (Ex. 3;10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex. 3;17). A Jeremías le dijo: “A dondequiera que yo te envié irás” (Jr. 1;7. Hoy en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora e la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera.” Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: Salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.” (La Alegría del Evangelio #20)

Para hacer esta “salida” la persona tiene que estar equipada (o) con una fe firmemente edificada al igual que una formación espiritual la cual es esencial. Hay que tener en cuenta que ninguna herramienta que usemos exime el testimonio personal. La autenticidad y coherencia de vida de aquellos que desean evangelizar tiene que tener ese fervor misionero y estar consciente que es absolutamente dependiente de Dios y su gracia. Ser miembro activo de una comunidad de fe, y fiel a sus enseñanzas es fundamental. “Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio sin demora alguna.” (La Alegría del Evangelio #23)
Tanto exégetas como teólogos han llegado a la conclusión que la evangelización es posible a través de programas sistemáticos, retiros espirituales, estudios bíblicos, o una formación académica estructurada pero no necesariamente efectiva o para todos.

Si se quiere imitar el modelo de Jesús entonces hay que seguir sus pasos. Él camino de lado a lado en un acompañamiento con sus discípulos por tres años. Es en el convivir cotidiano que se da la confianza y el momento fértil para sembrar las semillas de fe en las personas. Una vez se siembra la semilla comienza una curiosidad por saber más sobre su fe y Dios. Posteriormente, viene la etapa de la apertura hacía Dios en la vida de la persona. Esto hará que la persona entre en una búsqueda de saber más sobre su fe y Dios. Entonces llegará a la etapa de hacer una decisión en su vida de seguir a Jesús como su salvador. Es aquí donde la persona comienza a ser un discípulo principiante el cual lo llevará a buscar un crecimiento espiritual y una nueva vida en Jesucristo. Entonces pasa hacer un discípulo en crecimiento, dispuesto a vivir los hábitos de una vida cristiana. Consecutivamente, esta persona pasa a ser un discípulo comisionado dispuesto a compartir la Palabra de Dios con otros. Es aquí cuando la persona se convierte en un hacedor de discípulos dispuesto a seguir a Jesús y ayudar a otros a crecer espiritualmente con el fin de convertirse en multiplicador espiritual. La persona (s) que llegan a esta etapa, son personas que ya están totalmente equipadas para ser un fiel discípulo y crear una generación fuerte de discípulos. (Fuente: Etapas de Conversión & Discipulado).

Si usted está leyendo este artículo, reflexione en las estadísticas y comparta con otros nuestra realidad actual. ¿Qué podemos hacer para que esto cambie? ¿Cómo podemos ayudar? ¿Cómo nos podemos equipar para evangelizar?

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July 19, 2019
Newspaper of the Diocese of Kansas City ~ St. Joseph